Rubio reescribe cínicamente historia y realidad de Cuba en mensaje neocolonial por 20 de mayo
En un mensaje a los cubanos por el 20 de mayo, Rubio reproduce el lenguaje imperial de manipulación histórica e imposición que precisamente arrebató la independencia a Cuba en 1902.
Rubio junto a Trump en una Administración plagada de escándalos y corrupción, instrumentalización de la ley y las agencias gubernamentales contra opositores, represión contra migrantes y manifestantes, crímenes de guerra y ruptura de leyes nacionales e internacionales que, desde el primer día, demostró hacer todo lo contrario a lo prometido en la carrera electoral. Foto: EFE.
20 de mayo de 2026 Hora: 15:00
🔗 Comparte este artículo
En un mensaje a los cubanos este 20 de mayo, la fecha en que en 1902 fue declarada la República en Cuba, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, afirmó que aquel día la isla fue “libre” por primera vez y reiteró la matriz empleada por Washington para culpar al Gobierno de La Habana por la crisis actual en el país caribeño y promover, lo mismo que en los 60 del siglo XX, el cambio de régimen mediante desesperación e insatisfacción inducidas y manipulación de la verdad.
Al inicio de su mensaje, Rubio ―cuyos padres dejaron Cuba como emigrantes económicos en 1956, y no huyendo del “castrismo”, como afirmó en una ocasión intentando reescribir su pasado familiar con fines políticos― afirma que “en un día como hoy, en 1902, la bandera cubana ondeó por primera vez en un país independiente”.
En 1902 comenzó lo que la historiografía cubana llama la pseudorrepública.
EE.UU. ―que durante el siglo XIX adoptó hacia Cuba la política de la Fruta Madura o gravitación política, llegó a apoyar a España en la guerra contra los independentistas cubanos en 1868-1878―, obstaculizó la labor de los exiliados cubanos bajo una ley de falsa neutralidad e intervino militarmente en la guerra de liberación de 1895-1898 cuando los independentistas cubanos estaban derrotando al ejército español, el mayor desplegado por una potencia europea a América (más de 200.000 soldados enviados en cuatro años, cuando la población cubana era de poco más de un millón).
La intervención militar de Estados Unidos, con la derrota definitiva de España, dio lugar a un protectorado. El ejército libertador fue disuelto y desarmado; los independentistas no fueron reconocidos ni participaron en la negociación que llevó al Tratado de París por el que España renunciaba a Cuba y, en 1902, luego de un periodo bajo mandato de un Gobierno militar interventor de EE.UU., nacía la República cubana con un apéndice en su Constitución de 1901: la Enmienda Platt.
LEA TAMBIÉN:
Coordinador residente de ONU en Cuba: necesitamos combustible ahora para salvar vidas
Para Cuba, el dilema dictado por EE.UU. era aceptar la Enmienda Platt para el retiro de las tropas estadounidense o continuar bajo ocupación militar. Contrario a lo que afirma Rubio, en 1902 la República cubana no nació independiente, sino con un apéndice en su Constitución que limitaba su soberanía, otorgaba derecho de intervención a EE.UU. y obligaba a la isla a ceder o arrendar tierras para bases. Todavía hoy, una porción de territorio cubano ―en la bahía de Guantánamo― está ocupada por una base militar estadounidense.
A lo largo de las primeras seis décadas del siglo XX, Cuba fue apéndice económico y político de EE.UU. y de las compañías estadounidenses que controlaban el grueso de la inversión extranjera, minería, servicios, industria azucarera, importación-exportación y otros sectores estratégicos. EE.UU. apoyó corruptas dictaduras proestadounidenses, golpes de Estado y la sangrienta represión contra todo movimiento popular o político de oposición radicalmente independiente.
La respuesta ante un cambio radical en el orden establecido en las relaciones bilaterales tras la Revolución de 1959, rota la lógica de la gravitación política por la de la liberación nacional, fue la guerra constante.
LEA TAMBIÉN:
Cuba, la amenaza que nunca existió: a quién beneficia la narrativa de la intimidación
Esa guerra ha incluido una invasión; apoyo financiero, de armamento y suministro logístico a bandas armadas en la década de 1960 y al terrorismo contra Cuba desde territorio de EE.UU.; articulación de política regional e internacional contra la Revolución cubana y una compleja estructura de leyes principales ―al menos una decena, algunas específicas para Cuba―, regulaciones, órdenes ejecutivas y medidas coercitivas unilaterales que, desde la misma década de los 60, buscó la asfixia económica del país caribeño.
En su mensaje de este miércoles, Rubio expresa crudamente la lógica colonial al reescribir la historia desde la posición de un país que no ha conocido bloqueos (excepto los breves británicos durante la guerra de independencia y a inicios del XIX, o el petrolero de 1973) y que ha convertido las “sanciones” en un modo de ejercer poder global, sin estar sujeto a sanciones unilaterales ni multilaterales, excepto algunas de virtual sentido simbólico con que responden Estados sancionados por Washington como Rusia e Irán.
Rubio afirma que EE.UU. ofrece al pueblo cubano 100 millones de dólares. Esa cifra es menos que el costo de seis días de bloqueo estadounidense a la economía cubana (129 millones), que, según el último informe cubano sobre esa política a la Asamblea General, permitiría al país importar el material gastable médico de un año para el sistema nacional de salud.
LEA TAMBIÉN:
Cuba denuncia que EE.UU. fabrica narrativa para justificar posible intervención militar
Grosso modo, sostiene que, luego del “petróleo gratis” venezolano, las autoridades cubanas tienen el dinero, pero no compran el petróleo ―“como todos los otros países del mundo”― para suplir las necesidades del pueblo. Cuba hoy, tenga o no fondos, al contrario de “todos los otros países del mundo”, no puede adquirir petróleo luego de que el 29 de enero una orden ejecutiva de Donald Trump amenazara con imponer aranceles a bienes de terceros países que suministren crudo a la isla.
Señala que el Gobierno no emplea el dinero para modernizar las centrales dañadas, ignorando que parte de los miles de millones de dólares en pérdidas que sufre la economía cubana anualmente por el bloqueo podrían emplearse con ese fin.
Doce días de bloqueo (unos 250 millones) equivalen al financiamiento anual requerido (sin incluir combustible e inversiones) para el mantenimiento de la generación del sistema eléctrico nacional, y dos meses (1.600 millones), al costo del combustible necesario para satisfacer la demanda de electricidad normal en el país.
Desde diciembre de 2025, Cuba ha recibido un solo buque de petróleo: el Anatoly Kolodkin, con 100.000 toneladas provenientes de Rusia. La crisis energética en Cuba no comenzó el 29 de enero de 2026, pero el bloqueo petrolero decretado por la Administración Trump la ha llevado a puntos críticos, obstaculizando no solo el funcionamiento de las centrales térmicas, sino la generación distribuida en plantas con base en diésel y fueloil, el transporte, el abasto de agua, el funcionamiento de hospitales y escuelas.
LEA TAMBIÉN:
OMS alerta sobre impacto en la salud del bloqueo contra Cuba
Es uno de los rasgos distintivos del bloqueo: el reforzamiento cuando peor es la crisis en la isla. Sucedió en los 90, cuando tras perder el grueso de su comercio exterior tras la caída del Campo Socialista, en Estados Unidos fueron aprobadas dos leyes (Torricelli y Helms-Burton) para intensificar el cerco económico y ampliar sus efectos extraterritoriales: es decir, leyes que buscar sumar a terceros países, por la vía de la imposición jurídica ilegal y ejerciendo el poder económico de EE.UU., al bloqueo a Cuba.
Sucede en 2026, cuando la Administración Trump no solo amenaza militarmente al país fabricando declaraciones de “amenaza inusual y extraordinaria” para una isla de nueve millones de habitantes en crisis económica, sino que refuerza el bloqueo, emite paquetes de sanciones nuevos casi cada mes ―con otra vuelta de tuerca al efecto extraterritorial de las restricciones comerciales y financieras― y pone en marcha un bloqueo petrolero que impide en la práctica el funcionamiento del país y golpea a los cubanos. Trump, Rubio y compañía ven al pueblo cubano como daño colateral manipulable.
Durante su primera Administración a partir de 2017 y en esta segunda, Trump ha acumulado cientos de “sanciones” contra Cuba, ha impuesto restricciones de viajes y regulaciones para desalentar los viajes a la isla desde EE.UU. y terceros países, reincorporó a Cuba a la unilateral y arbitraria lista de Estados que supuestamente patrocinan el terrorismo, prohibió los viajes de cruceros y restringió los vuelos entre ambas naciones, reguló para limitar los envíos de remesas a Cuba (las remesas de las que habla Rubio en su mensaje); atacó y socavó convenios de salud de la isla contra otras naciones; borró los avances bilaterales logrados con el acercamiento durante la era Obama y escaló, como nunca antes, las amenazas de intervención militar.
LEA TAMBIÉN:
Canciller guatemalteco reconoce presiones de Estados Unidos respecto a las brigadas médicas cubanas
La OFAC, el departamento de sanciones de EE.UU., ha estado ocupada con Cuba durante décadas. A Cuba no solo le ha sido más difícil comerciar que a otros países, sino acceder a tecnologías, productos, materias primas, insumos médicos o redes bancarias.
Cuba afronta sobrecostos operativos al no poder emplear directamente el dólar o el sistema SWIFT, recurrir a triangulación de pagos, pagar comisiones bancarias y fletes inflados por riesgo operativo de bancos y navieras, recibir denegación de transacciones por bancos que temen las sanciones y las multas de EE.UU., tener alto riesgo país y tasas de interés crecientes por esa circunstancia y por estar en la llamada “lista de Estados terroristas”, recibir cierres de contratos o negativas de venta de productos, tecnologías y equipos por la amenaza de la vigilancia estadounidense y las prohibiciones que impone el bloqueo internacionalizado.
Analistas han señalado que el bloqueo no solo golpea la economía y la vida del pueblo cubano, sino que estrecha el margen de maniobra de Cuba para hacer reformas en una economía que ―algo que no domina Rubio, al parecer― tiene hace años un crecimiento del aporte de la iniciativa privada, también afectada por el bloqueo.
Rubio afirma que esta Administración ofrece a los cubanos una nueva Cuba donde “ustedes” pueden tener un banco, una gasolinera, una estación de televisión o periódico ―EE.UU. bajó por segundo año consecutivo en el índice de libertad de prensa por las políticas de Trump contra la libre expresión y los acelerados procesos de concentración de propiedad en el sector. O sea, no es para todos, solo para unos pocos.
El bloqueo, con sus efectos acumulados y crecientes, no solo ha afectado la prosperidad de los cubanos, sino su acceso a la salud, a la educación y a servicios básicos críticos, su derecho a la vida, que viene mucho antes que tener gasolineras o bancos.
LEA TAMBIÉN:
Congresistas de EE.UU. denuncian efectos inhumanos del bloqueo contra Cuba
Sobre democracia, corrupción y promesas incumplidas, que vaya Rubio a preguntar a los estadounidenses y su percepción de esta Administración: lo que dijo Trump que haría y lo que ha hecho en dirección contraria desde su primer día en la Casa Blanca. Sobre leyes, que mire a la Carta de Naciones Unidas y a las leyes, internacionales y estadounidenses, incluida la Constitución, que han violado él, su presidente y todo el gabinete de la Casa Blanca.
Rubio dice que al pueblo cubano no le interesa la caridad permanente. En 2026, y hace años, el pueblo cubano desea ―resumiéndolo en breve― vivir en paz, ejercer su comercio libremente y resolver soberanamente, sin injerencia ni condicionamientos externos, sus problemas que no niega, como “todos los otros países del mundo”, o un número de ellos, en los que EE.UU. no ejerce injerencia ni presiones.
Autor: teleSUR - DE
Fuente: teleSUR




